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20 de Noviembre 2017   


Rehabilitación y Reinserción Social

Han aumentado las detenciones de menores por delitos como robo y hurto, y ya existen diversos estudios que han establecido las principales características que estos jóvenes tienen en común, entre las que se destaca el desfavorable entorno familiar en que viven.


Según datos de la Dirección de Asuntos de la Familia de Carabineros, en nuestro país las detenciones de menores por infracciones a la ley han sufrido un incremento de un 25% entre los años 1998 y 2000, llegando a registrarse 48.375 en el 2000 y por delitos como el consumo de alcohol, desorden en la vía pública, daño a la propiedad, lesiones, robo y hurto, siendo estos dos últimos los más frecuentes.

Además, se ha podido establecer que la mayoría de ellos son varones provenientes de familias con escasos recursos en donde es común la ausencia de oportunidades, el deterioro interno, la nula presencia del padre o que éste tenga antecedentes delictuales. En general, se trata de jóvenes y niños que han sido víctimas de maltrato físico, agresión sexual o abandono durante su infancia. Al respecto, estudios de Carabineros de Chile indican que tres de cada cuatro adolescentes menores de 16 años que participan en robos con violencia o asaltos a mano armada, han sido sistemáticamente agredidos en sus familias. Por su parte, un informe de Paz Ciudadana indica que cerca del 50% de ellos no termina la educación básica, ante lo cual, un estudio del Centro de Investigación y Desarrollo de la Educación, CIDE, revela que más del 80% de los directivos y profesores señala que los problemas al interior de las familias son la principal causa de la deserción escolar.

Otro elemento presente es la droga y el alcohol que consume cerca del 30% de los menores infractores de la ley. En entrevistas a niños y adolescentes en rehabilitación recogidas en el documento Jóvenes Infractores de Ley y Centros de Rehabilitación publicado por el Servicio Nacional de Menores, Sename, nos encontramos con historias familiares marcadas por acontecimientos de violencia material, social y situaciones de pobreza que se traducen en sentimientos de inseguridad, abandono y en conductas agresivas e impulsivas.


La Familia del Menor Infractor

Frente a esta realidad, surge la importancia de la familia como la principal instancia de protección, resolución de necesidades básicas, socialización y educación de los niños. Por ello, es fundamental que los programas de rehabilitación de estos jóvenes contabilicen sus características comunes y prioricen el rol de la familia en su metodología. Un estudio realizado por Teresa Llanos y Anne Sinclair, señala que un patrón existente en las familias de jóvenes infractores de ley, es la inestabilidad en todos los ámbitos de la vida, siendo relevante la precariedad socioeconómica. Para ambas especialistas, en ellas se controla el comportamiento presente de los hijos más que guiar su futuro, hay inconsistencia y escasa claridad de la reacción parental frente a su conducta, se puede castigar o ignorar la misma conducta en diferentes momentos, lo que dificulta la internalización de reglas de comportamiento y, en último término, de autocontrol. Además, las manifestaciones afectivas son escasas y la comunicación verbal es vaga, siendo muchas veces acompañada de violencia física o sicológica.

Otro factor importante que destaca Jay Haley en su libro Terapia para Resolver Problemas, es que entre los padres no hay acuerdo previo respecto a las normas, por tanto, se produce un debilitamiento o descalificación mutua frente al menor, lo que crea un ordenamiento jerárquico confuso que le genera severos problemas conductuales.



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