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19 de Noviembre 2017   


Niños de la calle y adicción



LA VOZ DE UN EXPERTO


Con más de 25 años de trabajo en Europa, el siquiatra chileno avecindado en España, Jorge Barudy, señala que para revertir el dolor y la desesperanza de los niños y niñas que viven en la calle es necesario respetarlos y entregarles amor incondicional, distribuir más justamente la riqueza y contar con equipos humanos comprometidos y en buenas condiciones laborales.

Director del el Instituto de formación, investigación e intervención sobre violencia intrafamiliar en Bélgica y España, Barudy es también fundador y director del Centro médico y sicosocial para refugiados políticos y víctimas de la tortura además de docente de la Universidad Autónoma de Barcelona.


De una entrevista concedida a conace.cl destacamos lo siguiente:


- ¿Cómo puede interpretarse el consumo de drogas en los niños de la calle?

En el caso de niños, niñas y adolescentes que viven en la calle, hay que considerar el consumo de drogas como una consecuencia, como un síntoma de la incapacidad del mundo adulto de ofrecerle a todas sus crías, a todos sus niños las condiciones mínimas para un desarrollo lo suficientemente sano. Esto nos indica una deficiencia, por lo tanto, es un llamado a la responsabilidad colectiva. Los niños y las niñas son de todos, son el futuro de la especie.

Por otro lado, es un intento desesperado de calmar el dolor, no solamente aquel que han conocido por los múltiples traumatismos vividos, sino también el que les causa la realidad actual, en la que ellos viven sin perspectivas, sin futuro y totalmente vulnerados y marginados por el sistema social.

Es paradojal que estos niños estén conscientes de haber sido dañados y al tiempo sean estigmatizados por el sistema social. Eso es lo más terrible. Pese a la responsabilidad del mundo adulto en el daño causado, se les culpa muchas veces cobardemente de sus propias incompetencias, transformándolos en sus chivos expiatorios.

El uso de drogas puede ser resignificado como un indicador de sufrimiento provocado por la incompetencia del mundo adulto y, al mismo tiempo, como una alternativa de solución desesperada, pero mala, porque pese a que el niño o niña no está consciente, le agrava sus problemas.


- ¿Qué elementos no pueden quedar fuera al asumir el trabajo con niños de la calle?

El amor es muy importante. Pero no el amor romántico o el que promueve el negocio, sino el real, o sea el compromiso sincero con el niño o niña y un respeto incondicional hacia ellos como sujetos de una relación. El amor puede crear una vinculación que les permita a los niños y niñas volver a sentirse parte del tejido humano, de la humanidad.

Otro elemento es el tema de la justicia social y la distribución de la riqueza. No podemos obviar esto en el trabajo de calle.

Un tercer pilar ineludible es tener un equipo de personas comprometidas, pero bien tratadas, o sea, que desde el Estado se ofrezcan buenas condiciones laborales y se respete y confirme este trabajo, porque es uno de los más difíciles. No solamente se requiere mística, compromiso, sino también un acompañamiento técnico permanente, que es un derecho de los profesionales que trabajan en este campo.


- ¿Es posible encontrar elementos en la personalidad de estos niños y niñas que puedan a la postre convertirse en pilares para superar su sufrimiento (resiliencia)?

La resiliencia es una capacidad que se construye en la interacción social. Ella es sinónimo de la cantidad de amor que los niños han o no recibido. Evidentemente, los niños que están en la calle son víctimas de desamor, pero, de alguna manera, si están vivos es porque alguien los ha cuidado siquiera un poquito. Así, mientras estén vivos, hay posibilidades de resiliencia. Y están vivos por esto.

Un ejemplo interesante de la no resiliencia son los niños abandonados en orfelinatos, por ejemplo, y que no están en relación con los demás. Ellos se mueven y balancean de una manera estereotipada; no tienen una capacidad de contactarse con los otros, sólo con ellos mismos. No han recibido nada o casi nada, por lo que hay que hacer muchísimo para que desarrollen resiliencia. En cambio, los niños de la calle están vivos y están interactuando con los demás. Así, la hipótesis es que algo de amor han recibido. En esto hay que basarse.

El resto se va construyendo. A través de la intervención, del apoyo social, del soporte amoroso que los educadores de calle y los profesionales comprometidos con este tema vayan dando, se puede aumentar y reforzar las capacidades resilientes.

Muy importante es también facilitarle a estos niños y niñas la construcción de una historia, porque ellos no han tenido la posibilidad de pensarse ni de reflexionar sobre sus vidas.


- ¿Cómo se puede ir sabiendo de logros en el trabajo de calle?

La intervención sicosocial, el trabajo con el sufrimiento humano, son acciones donde el resultado no depende tanto de la intervención, sino de la estructura de las personas a las que intentamos ayudar, de los recursos que tienen, de lo que les queda a pesar del daño. Por lo tanto, nosotros hacemos intervenciones que intentan ser lo más coherentes posible, es decir, son intervenciones hipotéticas cuyos resultados no podemos tenerlos sino a través de la evaluación de lo que pasó en ellas.

Lo importante así son los criterios de coherencia. Si tú buscas criterios de resultados, de éxito, cosificas a las personas, las transformas en objetos de tu intervención. En cambio, si tu balance es el desafío fundamental de preguntarte siempre: ¿es que soy lo suficientemente creativo, comprometido, es que tengo la suficiente capacidad de observación para responder a las necesidades o estructura del niño o niña? Entonces, el resultado de esta interacción te lo da el proceso vital de las personas.

Por ejemplo, con los niños de la calle nadie puede decir cuánto tiene que durar una intervención, porque los resultados pueden obtenerse a largo plazo. Esto es difícil para los que manejan los recursos financieros, sobre todo cuando lo que se infiltra es la rentabilidad del negociante. Y aquí no se hace negocio, aquí se practica la solidaridad, la redistribución de la riqueza y esto es un deber moral y ético.


Realidad y vergüenza

· En Chile, 4 mil 291 menores viven en las calles.

· Poco más de mil viven en las avenidas de Santiago.


fuente: www.conace.cl

   


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